Vuelta Hoy

Hoy, vivamos la Esperanza.

Demos a conocer nuestro tesoro.

"Mostrar a Jesucristo al mundo tiene que ser la meta de todos nuestros esfuerzos." (Sor María Boisson)

En un mundo donde las violencias se multiplican, donde la Fe se pierde, donde muchos buscan el sentido de la vida, revelemos la fuente de nuestra felicidad y la riqueza de la pobreza de Jesucristo.

Que nuestra vida de discípulas y apostoles, vivida en comunidad, en una familia internacional sea signo para todo hombre, un signo que el mundo necesita.
Arraigadas en el conocimiento de Jesucristo, escogemos la vida.
Con los pobres y para crecer juntos, dejemos al Espíritu Santo que forme en nosotras a Jesucristo.
No nos desesperemos de ninguna persona, ni de ninguna situación.

En una vida comunitaria fraterna y sencilla, manifestemos la ternura de Dios y su proyecto de amor sobre la humanidad.
Que todos, especialmente los niños y los jóvenes puedan reconocer que tienen mucho valor a los ojos de Dios.

Con otros atrevámonos a aventurarnos
por los caminos que humanizan.

La gracia del Prado, nos da el amar a nuestros pueblos en la diversidad de culturas y de religiones.
Escuchemos sus gritos de pena, de alegría y sus silencios.
Llevemos estos gritos en Iglesia, según nuestra vocación particular.

A la escucha de la Palabra de Dios y del Padre Chevrier, discernamos donde los pobres nos esperan hoy.
Que nuestra mirada les de confianza en sus propias posibilidades.

Busquemos con dinamismo y realismo como unirnos a sus combates contra la injusticia y la violencia.

Trabajemos con ellos para que una fuerza de vida surja para la salvación del mundo, en medio de las violencias, las persecuciones y de la muerte.
Nuestra vida de oración, nuestras pobrezas y fragilidades son también caminos de comunión y de salvación.

Seamos mujeres de reconciliación y de Esperanza.