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Hoy, vivamos la Esperanza. Demos
a conocer nuestro tesoro. En un mundo donde las violencias se multiplican, donde la Fe se pierde, donde muchos buscan el sentido de la vida, revelemos la fuente de nuestra felicidad y la riqueza de la pobreza de Jesucristo. Que nuestra vida de discípulas y
apostoles, vivida en comunidad, en una familia internacional sea signo
para todo hombre, un signo que el mundo necesita. En una vida comunitaria fraterna y sencilla,
manifestemos la ternura de Dios y su proyecto de amor sobre la
humanidad. Con
otros atrevámonos a aventurarnos La gracia del Prado, nos da el amar a
nuestros pueblos en la diversidad de culturas y de religiones. A la escucha de la Palabra de Dios y del
Padre Chevrier, discernamos donde los pobres nos esperan hoy. Busquemos con dinamismo y realismo como unirnos a sus combates contra la injusticia y la violencia. Trabajemos con ellos para que una
fuerza de vida surja para la salvación del mundo, en medio de
las violencias, las persecuciones y de la muerte. Seamos mujeres de reconciliación y de Esperanza.
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